15 jun 2014

... y he sobrevivido.



He visto ciudades impacientes, que te abordan mientras sueñas despierto en medio de una de sus largas avenidas, y por ello no concibo un retroceso en la idea de exiliarme de mí mismo un minuto cada día; ni mucho menos de salir corriendo sin motivo, como quien huye de una manada enfurecida de palabras que persigue sin cesar, algunos de aquellos, los recuerdos más profundos que habitamos.

He buscado sin fortuna en la embajada de un país con nombre de besos imposibles, algunas sensaciones y otros monstruos innombrables y más bien indescriptibles. Y lo he hecho como si no hubiera un mañana ni un pasado, ni un futuro más allá de hace un minuto. Ni siquiera un debería.

He bebido la nostalgia que emanaba de las fuentes más antiguas construidas por los hombres, de los pozos más profundos donde yacen, los avatares más perversos del destino.

Y he sobrevivido –sin ti- a un domingo por la tarde.

8 jun 2014

267 palabras.



Aquella historia que nunca iba a acabar pero acabó. Una mirada perdida en una libreta en la que apunto cosas que ya nunca releo. Un compás que de tanto usarlo, dejó de hacer círculos y empezó a pintar cuadrados. Una foto en blanco y negro que el olvido dejó olvidada en mitad de un cuarto cuya bombilla ya no luce, ni siquiera en los días de fiesta. Un poema cargado de tinta, pero muy poco cargado de futuro. Y la bandera de la intrascendencia que ondea a media asta sin saber muy bien por qué. 

Ese olor indescriptible, y sin embargo tan evocador, que pone de manifiesto que no cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí aquel que es evocado. Una caja con botones que alguien perdió, y que otro alguien fue recopilando con los años. Un lugar donde evadirte cuando el día se vuelve cuesta arriba y no ves el final. Un cartel de una empresa que ya no tiene allí su sede. Una calle con nombre de ciudad (o casi). Y un portero muy cotilla con nombre de antropófago que siempre pregunta dónde vas. 

Una canción que dice que digas lo que quieras pero que. Una cuenta atrás que corre hacia adelante porque ya no espera a nadie al otro lado de una frontera imaginaria. Un virus latente que a veces vuelve a manifestarse en forma de recuerdo inevitable. Un dulce redondo que ya nunca como. Un vagón de metro que ya nunca cojo. Y un domingo por la noche con las luces apagadas y la música encendida mientras pienso que quizás, mejor no pienso nada.

21 may 2014

No quiero.



10 de octubre de 2013. 

"No quiero ir al templo de Debod ni caminar contigo de la mano por Madrid. No quiero mostaza, si no es de Dijon; ni café con leche con un único sobre de azúcar (y sin un vaso de agua). No quiero echar un queso que no pegue a la hamburguesa. Ni comérmela sin ti.

No quiero pizzas con queso de cabra y mermelada de tomate. Ni sushi, ni sashimi. Ni salsa de soja. Ni quiero seguir teniendo la sensación de haberte dejado escapar. Ni seguir preguntándome qué habrá sido de ti.

No quiero girar una esquina en Madrid con el miedo de encontrarte al doblarla. Ni confundir de espaldas a cualquiera que se te parezca.

No quiero viajar a París, si te apetece reservarlo para alguien especial. No lo necesito. No quiero que me des explicaciones, ni quiero compromisos más allá de mañana. No me hagas firmar un bono semanal si vas a dejarme al tercer día.

No quiero que dejes de hacer cosas por mí en la medida que sigas queriendo hacerlas. No necesito que me escribas cada día si no te apetece. No quiero.

Pero de vez en cuando me gustaría saber algo de ti. Que estás bien. Que te siguen dando miedo las arañas (y asco las polillas). Que sigues escuchando buena música, y soñando con aquel bolso de Chanel.

Y todo porque esta mañana al pasar por Alonso Martínez me pareció verte saliendo del metro."

19 may 2014

Pierde.



Pierde quien espera sin respuesta, en la puerta de una embajada cualquiera, un salvoconducto que conduzca hasta tu boca. Quien decide no arriesgarse a intentar lo que a priori parece imposible por el miedo a fracasar. Aquel que se niega a vivir algo por temor al vacío de después. Pierde quien no sabe lo que tiene y lo deja escapar como si nada. Quien no sonríe un lunes sin motivo. Aquel que duda de si mismo por el miedo al qué dirán.

Pierde de antemano aquel que tiene miedo a caer derrotado sin mostrar si quiera oposición. Quien se rinde cuando aún le quedan fuerzas, sólo porque llega tarde a una cita con la vida. Aquel que rehúye sus obligaciones de forma mezquina y mentirosa. Pierde quien no otorga nunca a los demás el beneficio de la duda. Quien mira por encima del hombro al resto, y pierde más aún quien cree tener motivo para ello.

Pierde quien olvida antes de tiempo por orgullo. Quien no dice lo que siente a esa persona por temor a que no exista reciprocidad de sentimientos. Aquel que niega una oportunidad después de un tiempo, porque cree que nunca cambiaremos. Pierde quien se conforma, quien no lucha por lo que desea. Quien no es capaz de sobreponerse al primer no. Aquel que abandona, con o sin razón, porque cree que no hay remedio que lo arregle.

Pero sobre todo, pierde aquel que nunca acaba de empezar, simplemente porque tiene pavor a los finales.