Siempre que la vida me decepciona
tengo por costumbre comprar un billete, a veces de avión, a veces de tren, que
me lleve, tras un período de espera no demasiado largo, a algún lugar en el que
redimir ese sentimiento. De alguna manera, es mi forma de renacer, de
demostrarme a mí mismo que, por mucho que a veces las cosas no salgan como uno
espera, con tiempo –y paciencia- acaban devolviéndole a uno la sonrisa.
Pese a que no recuerdo con
exactitud algunas fechas (las más lejanas), recuerdo perfectamente no sólo cuál
fue el destino de mis viajes, sino cuáles fueron los desencadenantes que
motivaron los mismos. Como es lógico, éstos tienen nombre y apellidos que
obviaré no por olvido, sino por discreción.
Así, una mala experiencia
personal me llevó a Oslo en el verano de 2009, lugar en el que pasé 5 días y
que supuso un punto de inflexión para convertirme en la persona que a día de
hoy he llegado a ser. Allí me reencontré
con mi mejor pasado, y tomé el impulso suficiente como para seguir avanzando.
Y la vida, cómo no, siguió como
lo había hecho hasta entonces. Sin importarle si las heridas estaban o no
cerradas.
Un poco más adelante, en febrero
de este año, decidí que era el momento de dar un giro de 180 grados a mi vida.
Aquello evidentemente desencadenó en una especie de efecto dominó que derribó
todo lo que había, y derivó en un billete de AVE a Barcelona.
Allí pasé un fin de semana en compañía
de buenos amigos y pronuncié una frase cuya vigencia he podido comprobar con posterioridad.
“Nosotros somos los que permanecemos”, le dije a uno de los miembros del Trío
Calavera al tiempo que me despedía de él en la estación de Sants.
La huida de una de las causas que
motivó aquel viaje en tren –en conjunción con otra serie de circunstancias-, derivó
en que allá por julio de este año decidiera junto con el tercer miembro del
Trío Calavera poner rumbo a un lugar si cabe más lejano: Estados Unidos. Así, pensé
que entre Nueva York y Tuscaloosa podría redimirme de aquel mal trago al tiempo
que cumplía uno de mis sueños: cruzar el charco.
El tiempo ha pasado, y hoy faltan
4 días para que este último viaje arranque. El martes 15 volaremos a las 12:30
de la mañana con destino a Philadelphia como paso previo a aterrizar en Nueva
York. Allí permaneceremos hasta el día 19 que tomaremos un vuelo a Atlanta,
lugar desde el que volaremos a Birmingham, Alabama. El día 5 de noviembre
volaremos de vuelta a Madrid.
Así pues, redenciones personales
a parte, os invito a que a través del blog (donde actualizaré con mayor
periodicidad) me acompañéis en mi particular vivencia del sueño americano.
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